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El consumo de Fentanilo  no empezó en las calles, sino en las consultas médicas. “Gran parte del problema de adicción a opioides que vivimos actualmente proviene de la industria médica y farmacéutica.

“Imagina estar en el útero de tu madre otra vez, balanceándote, o en sus brazos acurrucado, con una sensación de calidez indescriptible. Imagina un viaje astral, un hormigueo mejor que el de un orgasmo recorriendo cada poro de tu piel. La sensación de una caricia multiplicada por cien. Imagina vaciar tu mente de pensamientos, ver todo con mayor claridad y sentir que todo lo que te preocupaba cuando no estabas colocado es una gilipollez. Sentirse como una especie de superman capaz de superar cualquier obstáculo”.
Así describe Smallsneej —sobrenombre— su primer “subidón” de Fentanyl cuando tenía tan solo 16 años.  Lleva cinco meses “limpio” y ha visto a cinco de sus amigos morir por sobredosis, entre ellos, su novia.

Tiene 22 años y es de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU). Le recetaron Fentanyl para un dolor de muelas. Lo que sigue es una historia de continua adicción, alimentada en el mercado negro, y una batalla diaria para no volver a inyectarse este opiáceo que los traficantes ahora mezclan con heroína, e incluso, Carfentanyl, un tranquilizante de elefantes, 100 veces más potente que la heroína. “El chute es mucho mayor para el consumidor y a ellos —traficantes — les cuesta una tercera parte producirla”, asegura Smallsneej.

Ahora, esta nueva droga, que ha causado la muerte por sobredosis de miles de personas en Estados Unidos y Canadá, la mayoría menores de 30 años, ha llegado a Europa y ya se ha cobrado sus primeras víctimas.

Smallsneej lleva seis años consumiendo. “Después de sacarme la muela de juicio, se terminó el Fentanyl, pero yo quería más, así que empecé a inventarme dolores para que me la recetaran. Era muy fácil, ibas a la consulta privada, pagabas y te daban la droga”, recuerda el joven.

Las cifras son demoledoras: “Si el pasado año murieron 900 personas tan solo en Canadá, podemos asegurar que hay alrededor de 90.000 consumidores de este potente opiáceo actualmente”.

A tres horas en coche del barrio donde reside está el condado de West Virginia. En un período cinco años, las prescripciones legales de Fentanyl ascendieron a 40 millones de dosis. Es una cantidad desorbitada teniendo en cuenta la población del condado: 96.000 personas. En la ciudad de Huntington, donde viven aproximadamente 50.000 personas, la policía ha llegado a atender hasta 28 sobredosis en una sola tarde. El alcalde de la ciudad, Steve Williams, según recogía la BBC la pasada semana, ha iniciado una batalla legal contra las compañías farmacéuticas que recetan este opiáceo sin ningún tipo de control. “Nuestra gente está cayendo como moscas y todos empezaron tomando Fentanyl recetado por un médico”, asegura Williams a la cadena británica.

La industria farmacéutica y el negocio de los opiáceos

El consumo de esta droga no empezó en las calles, sino en las consultas médicas.Gran parte del problema de adicción que vivimos actualmente proviene de la industria médica y farmacéutica. Los médicos están recetando drogas muy potentes y adictivas a personas que sufren un dolor leve. El Fentanyl estaba indicado para dolores terminales o pacientes con cáncer no para personas con dolor de espalda”, explica el doctor Virani.

Estados Unidos y Canadá consumen más del 80% de opiáceos del mercado mundial. El tercer país es Dinamarca. Tan solo en 2015 se registraron 300 millones de recetas en Estados Unidos, que supuso un beneficio de 24 billones de dólares para las farmaceúticas. En Canadá la cifra ascendió a 19 millones de recetas. En 2016, a uno de cada tres canadienses les recetaron opiáceos.  

Sin embargo, la cifra más preocupante es la publicada por la National Safety Council de Estados Unidos. En una encuesta realizada el pasado año, el 99% de los médicos había recetado opiáceos que superaban los tres días de medicación. El 77% admitió haber “sobremedicado” a sus pacientes con medicamentos extremadamente potentes.

Son varios los motivos que explican esta sobremedicación de opiáceos: los beneficios económicos, los sobornos a los médicos y la potente adicción que provoca esta droga.

Estados Unidos ya aprobó su uso a finales de los años 90, cuando OxyContin (oxycodona) salió al mercado. Su publicidad aseguraba ser una solución para todos los dolores comunes y un analgésico completamente inofensivo. Tuvieron que pasar varios años para que las autoridades sanitarias lo retiraran del mercado por su alta capacidad adictiva. Pese a su retirada, algunos laboratorios como Purdue Pharma volvieron a comercializarlo, esta vez bajo un nombre distinto. Recientemente, la empresa aceptó el acuerdo de la Fiscalía y pagará 600 millones de euros por “márketing engañoso”, y por introducir el mismo producto bajo un nombre distinto.

Pero esos 600 millones son calderilla comparados con los 3 billones anuales que facturaba la empresa vendiendo oxycodona. En Estados Unidos, se pasó de 600.000 recetas a 7 millones de recetas anuales en menos de cinco años. El opiáceo supuso una nueva epidemia de adictos. La FDA (la administración gubernamental que regula el mercado de fármacos y alimentos) retiró el producto en 2012. “Cuando consiguieron eliminar del mercado la oxycodona teníamos miedo de que reapareciera la heroína”, explica el doctor Virani. “Lo que nadie esperaba es que llegase Fentanyl”.

Previamente, en 2007, algunas farmacéuticas como Cephalon introdujeron el opiáceo en piruletas llamadas Actiq y en pastillas disolubles bajo el nombre de Fentora. El fármaco acabó siendo retirado por las autoridades y la empresa fue acusada de crimen organizado y publicidad engañosa.

La empresa farmacéutica Insys tuvo más suerte. Llegó al mercado en 2012 y popularizó su producto estrella, Sensys, un spray nasal que contiene Fentanyl, para tratar los dolores crónicos y derivados del cáncer. La FDA dio el visto bueno. Dos años después, la empresa salió a bolsa y los resultados fueron espectaculares. En apenas unos meses su precio ascendió a 220 millones de dólares.

¿Cómo era posible este incremento, teniendo en cuenta que los enfermos de cáncer no superan el 3% del mercado sanitario? Varias organizaciones comenzaron a investigar. La empresa, no solo estaba sobornando a médicos con dinero para que recetasen su producto a pacientes sin cáncer: además, estaban contratando a una plantilla de trabajadores que engañaba a las aseguradoras para pagarles su producto.

La primera en ser detenida fue una enfermera de de Connecticut. Está acusada de haber recibido 80.000 dólares por recetar el opiáceo. Después, el resto de médicos empezó a caer. Las autoridades descubrieron que menos del 10% de los pacientes prescritos con Fentanyl tenían cáncer. De momento, hay una decena de profesionales médicos detenidos, entre ellos, un canadiense adicto al Fentanyl.

Gebien no fue el único. La mayoría de médicos sobornados cumplían un perfil similar: problemas en el pasado. Sobremedicaciones, fraude de capitales o prescripciones negligentes. “Se están investigando las recetas de las consultas y el origen de la mismas. Va a llevar tiempo pero creemos que estas detenciones serán tan solo la punta del iceberg”, explica a PlayGround Robb Hartlen, policía de Kensington (Canadá). Se estima que la empresa ha podido desembolsar hasta 3 millones de dólares en sobornos, según publica The New York Times.

También han caído 7 de los directivos de la empresa. Fueron arrestados el pasado mes de diciembre. El único que sigue libre es su fundador y presidente, John Kapoor. De origen indio, está en la lista Forbes: su patrimonio asciende a casi 3 billones de dólares. Es propietario de la farmacéutica Akorn, valorada en 850 millones de dólares y que también comercializa Fentanyl, y del 80% de Insys, que tras la detención de sus directivos ha perdido valor en Wall Street, devaluando su capital a 500 millones de dólares.

La parte más cínica es que Insys está a punto de sacar al mercado su nuevo producto: un spray sublingual de naloxona, el medicamento bloqueador para evitar una sobredosis. El contenido, que hasta ahora el resto de farmaceúticas presenta de manera inyectable, desbloquea la parte del cerebro que ordena a los pulmones no respirar cuando entra se produce la dosis fatal. Ahora, la empresa, pretende sacar el spray alegando que es “mucho más efectivo” y “más fácil de utilizar”. PlayGround ha intentado contactar con la empresa para conocer su versión pero no ha obtenido respuesta.

La naloxona ha incrementado su precio en menos de dos años, coincidiendo con el aumento de las sobredosis. Ha pasado de costar 17 dólares (dos dosis) a 100 dólares.

Tanto Canadá como Estados Unidos han puesto en marcha equipos especializados para atender la epidemia de sobredosis. “La mayoría de los días que estamos patrullando, la emergencia es una sobredosis. Podemos llegar a atender hasta 10 al día, además tenemos que saber cómo inyectar la naloxona porque muchos servicios sanitarios están colapsados”, explica Hartlen.

También se están abriendo plantas especializadas en los hospitales para atender a las sobredosis. La policía, además, debe llevar un equipamiento especial, porque el simple contacto con el Carfentanyl —el tranquilizante de elefantes cada vez más presente en las sobredosis— podría ser fatal.

En Europa, la venta de opiáceos como el Fentanyl es legal, pero su uso está mucho más restringido. En España se comercializa en forma de parches. El miedo ahora es que la nueva mezcla letal llegue a Europa. En Estonia, en 2012, se produjo una epidemia similar por el abuso del opiáceo. La droga llegó en 2002, a través de Rusia.

“Lo que no entendemos es por qué su uso no se ha extendido al resto de Europa. Creemos que se debe a la cercanía del país con Rusia y a la tendencia de los rusos a consumir drogas fuertes. De todas formas, Europa debería prepararse porque es una droga letal”, explicaba en 2012 la analista eslovaca, Katri Abel-Ollo, a la BBC

La semana pasada, cuatro jóvenes murieron por una sobredosis en Reino Unido. En su organismo encontraron restos de heroína y Fentanyl. Quizás ahora Europa tenga que estar preparada.

 

Extracto del articulo de Clara Gil publicado en: http://www.playgroundmag.net/articulos/reportajes/Fentanyl-droga-heroina-negocio-farmaceutico_0_1972002814.html