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Si analizamos el modelo actual de acceso a los medicamentos podemos ver como por un lado tenemos que el modelo de fijación de precios está basado en el monopolio que crean las patentes y la exclusividad de datos con lo que millones de personas no pueden acceder a los medicamentos que necesitan y, al mismo tiempo, millones de personas reciben medicamentos que no necesitan y que les perjudican …..una “perversa paradoja”.

Hoy se puede afirmar que las patentes se han convertido en una de las principales causas de los graves problemas de acceso a medicamentos esenciales en países empobrecidos y de la sobremedicación que ocurre en los países enriquecidos.

Es un sistema perverso que genera problemas de acceso y de exceso simultáneamente, perjudicando a millones de pacientes y causando un enorme gasto innecesario.

Los enormes beneficios obtenidos a través de los sobreprecios son destinados en buena parte (23-35% de las ventas) a marketing: ¡en la UE entre 35.000 y 54.000 millones de euros! Esa ingente cantidad de dinero se destina a incrementar las ventas y estimula la prescripción y el consumo de medicamentos no siempre eficaces, no siempre necesarios y que siempre conllevan un riesgo. Y, al mismo tiempo, al detraer esos recursos, se dispone de menos medios para atender lo necesario.

Y el problema no es solamente el aumento de los precios y los gastos, sino también impedir a los pacientes el acceso a tratamientos adecuados a través del uso de medicamentos de probada eficacia.

Los elevadísimos gastos en marketing (más del 23% sobre la facturación) y el control del discurso sanitario en las sociedades científicas, los reguladores y las asociaciones de pacientes, presionan para aumentar la prescripción y aumentar la demanda. Sin esa presión se reduciría la prescripción inadecuada, que según la OMS llega al 50%, y disminuiría el uso de las medicinas con poca o nula utilidad terapéutica.

En algunos casos la industria presiona para que se utilicen sus medicamentos “fabricando nuevas enfermedades” para las que se pueda demostrar un efecto “positivo” del medicamento. Este fenómeno (disease mongering) fue descrito por Lynn Payer en 1992. Por ejemplo, si se cambia el criterio para diagnosticar hipertensión, rebajando las cifras; o si se cambia el criterio para las tasas de colesterol aceptables, el número de personas “enfermas” que “deben” ser tratadas aumenta considerablemente. Lo mismo se puede aplicar a muchos supuestos trastornos psiquiátricos, que son muchas veces diferencias de carácter o falta de habilidades sociales, y que se tratan como enfermedades con su medicamento correspondiente. En terminología de la industria farmacéutica, se trata de “encontrar nuevos mercados” o expandir los actuales.