Se confirma que el proceso de investigación y desarrollo de un nuevo fármaco no es tan caro como dicen las farmacéuticas

La aprobación por la FDA de la primera terapia génica contra el cáncer en EE UU ha vuelto a traer a la palestra el debate sobre el precio desmesurado que alcanzan algunos de los nuevos medicamentos oncológicos. Así tenemos el ejemplo del nuevo tratamiento, desarrollado por Novartis, que ha demostrado una alta efectividad contra un tipo de leucemia poco común que afecta a niños y jóvenes de menos de 25 años, el precio del fármaco, que consiste en una sola dosis, es 396.000 euros.

La industria justifica el alto precio de algunos fármacos por la inversión millonaria que deben hacer hasta sacarlos al mercado. El problema es que ninguna farmacéutica revela cuánto le cuesta desarrollar sus medicinas. Hasta ahora se decía que el proceso de investigación y desarrollo de un nuevo fármaco lleva más de una década y costaba 2.200 millones de euros. Pero este dato se ha confirmado que es mentira.

Dos investigadores de EE UU han realizado una nueva estimación de lo que cuesta sacar al mercado un nuevo fármaco oncológico. Sus resultados apuntan a que el tiempo necesario es de siete años y el gasto medio de 648 millones de dólares, unas cuatro veces menos que lo que señalaba el anterior trabajo.

Esta es una de las primeras “estimaciones transparentes sobre el gasto en I+D en medicamentos oncológicos, y tiene implicaciones en el actual debate sobre el precio de los fármacos

La anterior estimación era “una caja negra de datos secretos de forma que nadie podía analizarlos para saber en qué estaban basados”, explica Jerry Avorn, profesor de Medicina de la Universidad de Harvard. “La nueva estimación supera ese problema porque todos los datos son transparentes y en ese sentido es más realista”, señala el médico. “Es un paso en la dirección adecuada para explicar si es justo que los nuevos fármacos contra el cáncer alcancen precios tan increíblemente altos que muchos pacientes no pueden pagar”, añade. La situación es especialmente grave en EE UU, ya que allí los precios de los fármacos los fijan las empresas y no se negocian con los gobiernos como sí sucede en Europa, añade.

Para Jaume Puig-Junoy, experto en economía y Salud de la Universidad Pompeu Fabra, el trabajo sirve para mostrar “primero, que el coste de la I+D en oncología es muy variable; y, segundo, que aún siendo estas nuevas cifras menores que otras anteriores siguen siendo muy elevadas y seguimos sabiendo muy poco de los efectos de la reducción en la productividad de la I+D farmacéutica sobre este coste y del coste de la ineficiencia en la gestión de la I+D”.

“Es una estimación bien calculada”, opina el oncólogo Josep Tabernero. El precio de los nuevos medicamentos oncológicos ha sido uno de los principales temas de debate durante el último congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica. Tabernero, presidente del organismo, considera que “los márgenes de beneficio que obtienen las farmacéuticas no son sostenibles en ningún lugar del mundo y es necesario abrir un debate sobre cuál es un precio justo de los medicamentos”, explica. El oncólogo del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona cita el caso de Kite Pharma, una farmacéutica que ha desarrollado una terapia génica y ha sido comprada por Gilead por 10.000 millones de euros. El fármaco puede llegar a costar más de 700.000 dólares, dice Tabernero.

El oncólogo apunta a otro problema que aumenta el precio final de los fármacos. “Los estudios clínicos a veces no se diseñan bien y los beneficios de salud que aportan al paciente resultan muy escasos. Esto hay que pagarlo, y la industria nunca pierde, siempre recupera tanto lo que ha invertido bien como lo que ha invertido mal”.

“El coste real de desarrollo de fármacos es un mundo tan poco transparente que cualquier nuevo estudio es bienvenido”, opina Eduardo Sánchez, economista de la Universidad Pública de Navarra y presidente de la Asociación de Economía de la Salud. El trabajo termina pidiendo que se hagan públicos los datos de las empresas para poder calcular lo que realmente cuesta desarrollar sus fármacos, “es algo que habría que hacer por ley, pero es muy difícil”, añade.La mentira del