La mayoría de trabajadoras de maquila viven en zonas empobrecidas, tienen pocos recursos económicos y no suelen pasar del bachillerato. Por eso, solo pueden optar a los trabajos no cualificados que se encuentran sobre todo en estas fábricas. Y por eso también, los salarios son mínimos.

Siempre hay que estar haciendo números para llegar al final de la quincena y si no alcanza, toca elegir: se almuerza algo al mediodía, o una cena frugal antes de irse a dormir. La mayoría no comen nada antes de ir al trabajo o tragan algo apresuradamente en el camino. Las que almuerzan en la fábrica se quejan del menú, mucha papa y frituras, carbohidratos para rendir.

Jesús Martínez de Carrillo (centro) ya no es bordadora. La empresa se dio cuenta que ella estaba organizada con Mujeres Transformando, de El Salvador, y dejó de darle trabajo. En esta foto posa junto a sus hijas Ingrid (izqda.) y Glenda Carrillo (dcha.) y al lado de su nieta, Angely, de siete años. /Salvador Meléndez.

Antonia Hinojos Hernández, a quien todos llaman Toñita, es una obrera de Ciudad Juárez, México. Está cansada de las burlas de los médicos de la maquiladora por su obesidad: “Yo a un médico le contesté: ¿Ustedes no son conscientes de la alimentación que nos dan en la maquila?, ¿de la postura en la que trabajamos? —recuerda Toñita— Deberían de estar conscientes pero no les conviene reconocer”.

La mayoría de las trabajadoras de las maquilas de Ciudad Juárez viven en la periferia. Para ir a trabajar se enfrentan a muchos riesgos por la violencia y la inseguridad. A inicios de la década de los 90, los feminicidios se incrementaron en esta zona. Por eso, cada vez que va a la maquila lo hace acompañada de un palo con clavos y una botella de agua congelada para defenderse.

Margarita tiene mucho que contar: son 17 años de trabajar en la maquila de la industria automotriz en Ciudad Juárez. Mientras lo cuenta se unta crema “Vaporub”, un ungüento mentolado para la congestión nasal que usa para aliviar el dolor en sus manos. El año pasado la despidieron cuando ya no pudo trabajar más. Ella era experta en armar la cobertura de los asientos de los autos. Margarita unía la piel y la tela, doblando el material. Siguió haciendo esta operación a pesar del fuerte dolor que empezaba en sus manos y subía con intensidad hasta los hombros. A veces, la doctora de la empresa le introducía las manos en hielo. Solo eso. Era inútil, porque sus lesiones ya eran irreversibles. Las quejas ante sus jefes no sirvieron de nada. La ignoraron.

Las trabajadoras aprenden a lidiar con el dolor. Algunas automedicándose o con pastillas que reciben de los doctores de las maquilas. El Ibuprofeno y el Paracetamol son parte de una larga lista de analgésicos que consumen.

Margarita Hernández desarrolló problemas en manos y brazos. Se queja de que sólo le daban pastillas para paliar el dolor mientras se unta crema Vaporub en las manos, para calmarse. /Priscila Hernández Flores.

Las horas de pie también afectan. Hay días que suman hasta 21 horas continuas, por los turnos dobles y las horas extra. Muchas se quedan a la fuerza, para alcanzar la elevada meta de producción exigida. Un trabajo que no pueden rechazar por su precaria situación económica.

Es común que en la maquila prefieran que las trabajadoras produzcan de pie. En algunos lugares argumentan que es para que no se duerman, en otros por cuestión de espacio porque las empresas quieren aprovechar al máximo cada lugar en la fábrica.

No todas las lesiones son tan evidentes, también hay daños en el sistema nervioso. Otra trabajadora de la industria electrónica que pide anonimato por protección, dice que buscó abogados pero nadie la apoya. “No quieren reconocer que el químico que tienen y que usé me hizo daño”. Se refiere al “Citrux” o “Citraflor”. Ella explica que por los daños que le provocó esta sustancia, los médicos privados le recomendaron “evitar permanecer de pie por períodos prolongados, evitar lugares donde se concentre calor”. Dos condiciones inevitables en la maquila donde trabaja.

Una trabajadora de Ciudad Juárez señala las marcas de una operación en su muñeca derecha. /Priscila Hernández Flores.

 Las fallas en el sistema respiratorio son otro problema común. Entre las trabajadoras de la maquila que se reúnen en la Coalición de Ex trabajadoras (es) y Trabajadoras (es) de la Industria Electrónica Nacional (CETIEN) en Guadalajara, Jalisco, está Amapola López. Ella trabajó por 12 años en la industria y comprobó que las empresas aún usan plomo para soldar las piezas de las tarjetas electrónicas de celulares, computadoras, equipos de sonido y vehículos.

Una trabajadora de la industria electrónica con afectaciones en sus pulmones por las bajas temperaturas del lugar donde trabaja muestra una radiografía donde se observan los problemas que ha desarrollado. /Priscila Hernández Flores.

Claudia María Delgado sufre una afonía permanente acompañada de tos seca. Ella cree que es por el polvo de las fibras textiles. Tiene 38 años, es madre soltera y tiene dos hijos. Desde hace más de 10 años trabaja en una maquila de la zona franca de Export Salva, en Santa Ana, departamento de El Salvador. Por la intensidad de la jornada laboral también ha desarrollado problemas de espalda. Todavía no le han diagnosticado ninguna discapacidad, aunque hace poco se hizo unos exámenes. En el trabajo les dan unas mascarillas de protección, pero Claudia dice que son incómodas, de mala calidad y por eso prefiere no usarlas.

En su línea de producción les toca coser 288 sudaderas por hora. Más de 2,500 al día. Si alcanzan esa meta, a cada trabajadora le dan un bono de 1.40 USD diarios. Para resistir ese ritmo de producción y no perder tiempo, ella aprendió a aguantar la sed durante el día y solo beber agua cuando llega a su casa por la noche. Así se evita ir al baño durante la jornada laboral.

Las trabajadoras salvadoreñas denuncian que los sanitarios de la fábrica tienen candado. Si necesitan ir a hacer sus necesidades, tienen que pedir la llave. Deben ser autorizadas primero, porque los supervisores no quieren que pierdan el tiempo. Además, si cometen errores en la producción, como una costura fuera de la pieza, o si se retrasan porque están cansadas, les hacen descuentos salariales. Por eso, las trabajadoras dicen que es común ver a sus compañeras llorando.

Magdalena Marcos Raimundo es trabajadora de la empresa Koa Modas, una maquila de capital coreano en Guatemala que ha sido denunciada ante el Ministerio de Trabajo en repetidas ocasiones por malos tratos. Ella, al igual que muchas otras compañeras que se han desplazado desde el interior del país, optó por alquilar un pequeño cuarto a unas cuadras de la fábrica, para evitar el gasto del transporte. Lo prohibitivo de los alquileres de la zona hace que una pequeña habitación donde cabe una cama imperial y poco más, ronde los 70 USD al mes, una tercera parte de su salario. Magdalena malvive en un espacio lleno de humedades, en el que el agua de lluvia y los animales se cuelan por cualquier hueco posible. Un ambiente dañino para una persona con problemas respiratorios.

Después de 20 años de trabajar en una máquina de plancha, a altas temperaturas constantes, a Magdalena se le atrofió una mano. /Simone Dalmasso.

Ella llegó de Nebaj, Quiché, hace 30 años, sola, cuando tenía 14. Lleva 20 en Koa Modas. Con timidez, cuenta cómo el trabajo en las maquilas le ha ido dejando secuelas. Magdalena ya no puede abrir su mano derecha. Su dolor es insufrible. La tiene siempre cerrada, hecha puño. Trabaja con una máquina de pretina, una máquina caliente —dice—. Los cambios de temperaturas le entumecieron la mano hasta dejarla así.

Se intentó contactar con el gerente de Koa Modas por vía telefónica para consultarle acerca de la situación de las mujeres trabajadoras y sobre el estado de las denuncias en contra de la fábrica. En las llamadas que se hicieron durante varios días, la secretaria se excusó en su nombre, alegando que no estaba disponible o no se encontraba en la oficina.

En Honduras, la situación es similar. “La problemática de las trabajadoras de la maquila es como una pandemia, las violaciones de los derechos humanos en general, las condiciones precarias de trabajo y especialmente lo referente a la salud”, dice María Luisa Regalado, coordinadora general de la Colectiva de Mujeres Hondureñas (Codemuh).

Esta organización tiene casi 30 años de trabajo en la atención integral a las obreras de las maquilas. Con sus investigaciones sobre enfermedades ocupacionales lograron visibilizar la problemática de los Trastornos Músculo Esqueléticos Ocupacionales (TMEO) ante el Instituto Hondureño del Seguro Social (IHSS). Según un estudio médico solicitado por Codemuh y realizado en más de 500 personas empleadas en maquilas, el 92 por ciento trabajan en jornadas de nueve a 12 horas diarias, y ocho de cada 10 realiza movimientos de elevada repetitividad.

En abril de 2017, fueron despedidas 24 personas, 19 de ellas mujeres, de la maquila Delta Apparel, en Villanueva, departamento de Cortés. La empresa utilizó los dictámenes médicos del IHSS para justificar los despidos debido a su condición de discapacidad adquirida por el trabajo en la maquila.

Carta de despido de Emilia Garcia, extrabajadora de la maquila Delta Apparel de Honduras. Codemuh denunció el uso del dictamen médico para justificar el despido por sus problemas de salud.
Carta de despido de Aracely Liset Rivera, extrabajadora de la maquila Delta Apparel. La empresa justifica el despido con su condición de discapacidad según dictamen médico del Seguro Social. Así despidieron a 24 personas en abril de 2017.

El ausente Seguro Social

Cuando las trabajadoras empiezan el trabajo en la maquila con un contrato indefinido, por ley, deben estar afiliadas al Seguro Social. Las empresas les descuentan quincenalmente un porcentaje del salario para pagar sus cuotas. El problema es que algunas de las maquilas retiran las cuotas a las trabajadoras pero no pagan las de todas.

A veces manejan dos listados de empleados: uno con el número real de trabajadores, y otro con un número reducido, que es el que presentan ante las autoridades, cuenta Maritza Velásquez, directora de la Asociación de Trabajadoras del Hogar, a Domicilio y de Maquila (Atrahdom), de Guatemala. Pero muchas no se dan cuenta hasta que requieren atención médica. Otras al jubilarse, después de años de trabajo y descuentos ilegales.

Las trabajadoras de Koa Modas, en Guatemala, acumulan denuncias sobre impago de cuotas al Seguro Social. Hasta ahora ninguna ha sido resuelta favorablemente. Zaily Janeth Mejía es una de las mujeres afectadas. Tiene 43 años y vive con dos de sus hijos en un pequeño cuarto de madera, en la parte trasera de una imprensa. Sus padres le ayudan a pagar el alquiler de una habitación con las paredes roídas por la humedad, en el que pedazos de cartón tapan huecos por los que se filtra la lluvia. A Zaily le atropelló una moto hace unos meses. Por eso lleva un cabestrillo en el brazo, ya afectado por una lesión en el tendón del hombro. Lleva más de cuatro meses suspendida sin recibir salario: la empresa no le paga y el Seguro Social tampoco, por no tener sus cuotas al día.

En el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) son conscientes del problema pero admiten que no hay un mecanismo para evitarlo. El sistema únicamente señala infracciones cuando las compañías dejan de pagar las cuotas de los empleados inscritos al IGSS. Carlos Enrique Gómez Sánchez, de la dirección de recaudación, asegura que al menos un 20 por ciento de las empresas caen en esta práctica.

Además, hay otro problema común: los Seguros Sociales no reconocen o no dan suficiente seguimiento a las incapacidades laborales en las maquilas. En el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) solo hay 10 doctores especializados en Medicina del Trabajo, que son los que diagnostican y tratan estas enfermedades. Además, hace falta un mejor monitoreo, porque las 40 clínicas del Seguro Social en las maquilas de todo el país no brindan un registro epidemiológico a las oficinas centrales, reconoce el doctor Walter Mayén, especialista de medicina del trabajo del ISSS.

Mayén afirma que la sordera, los trastornos musculoesqueléticos y las infecciones de las vías urinarias son los principales motivos de consulta, según su experiencia. “Como las condiciones que causan la enfermedad no tienen nada que ver con su cuerpo, sino con las condiciones de trabajo, vuelven a lastimarse. Se van operando una vez, dos veces y van lesionándose gradualmente”.

Una trabajadora muestra la cicatriz de una operación en su hombro derecho por desgaste en el “manguito rotador”. /Priscila Hernández Flores.

Homero Fuentes es el director de la Comisión de Verificación de Códigos de Conducta (Coverco) de Guatemala, una entidad privada que lleva 20 años documentando las violaciones de derechos humanos y laborales en maquilas. Coverco hace inspecciones para empresas y organizaciones internacionales en fábricas de Guatemala, México, El Salvador y Honduras. La falta de datos sobre enfermedades ocupacionales es un problema: “Hay una falta de estadísticas —resalta Fuentes, en base a su experiencia—. Al Estado no le da la gana documentar los casos de discapacidades y enfermedades de mujeres y de considerarlas enfermedades profesionales”.

En las propias maquilas tampoco hay interés por tratar en profundidad estos problemas de salud. Cuando una trabajadora experimenta algún malestar, es remitida a la clínica de la fábrica. Pero si piden permiso para pasar a consulta suelen ser regañadas, obviadas o despedidas, denuncian las operarias de maquila, como le sucedió a Imelda en El Salvador, cuando le diagnosticaron artritis y luego la echaron.

En México hay un lugar donde las mujeres de las maquilas reciben terapia. Es el Centro de Rehabilitación Integral Física (CRIF) de Ciudad Juárez donde está el 70 por ciento de las maquiladoras del país según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En el Centro de Rehabilitación Integral Física de Ciudad Juárez las trabajadoras de las maquilas reciben terapia para tratar sus lesiones y discapacidades. /Priscila Hernández Flores.

En esta ciudad hay 387 mil trabajadores dedicados a la maquila registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Con una tasa alta de empleos en este rubro, se incrementan las lesiones. Tanto así, que el IMSS firmó un convenio de colaboración para que el Centro de Rehabilitación de Ciudad Juárez atienda a las trabajadoras con lesiones porque el seguro está rebasado de casos.

La proporción de lesionadas es así: siete mujeres por cada varón. “Lo que nosotros vemos aquí es que no se le da una atención oportuna al paciente. (Si se da) es más fácil de rehabilitar. Es un costo mucho más bajo de atención”, explica el coordinador de Terapia Física del CRIF, Omar Ávila. Las que llegan a ir a terapia son obligadas a volver al trabajo en cuanto tienen una ligera mejoría. La terapeuta Michelle Quiroz Esquivel, del CRIF, habla sobre esto.

La ONG salvadoreña Mujeres Transformando visita el municipio de Panchimalco para impartir talleres de fisioterapia para mujeres bordadoras. /Salvador Meléndez.

En México, las trabajadoras se enfrentan a citas y operaciones con más de dos meses de espera.La obrera Toñita es una de las que ha reclamado esto en Ciudad Juárez: “Aquí muchas maquilas están implementando que si el trabajador necesita un día para el seguro no le dan un permiso con goce de sueldo, se lo aplican como día de vacaciones. ¿A quién le puedes decir tú que ir al seguro es ir de vacaciones, pues, si no es para tener un picnic?”.

La abogada laboralista de Ciudad Juárez, Susana Prieto Terrazas, confirma que la industria paga por jornada y no por destajo como lo señala la Ley Federal del Trabajo de México. La abogada defiende a más de veinte trabajadoras que luchan para que la empresa y el IMSS reconozcan sus lesiones.

Sandra Elizabeth Valencia trabajó durante 18 años en una maquila de El Salvador. En 2017 cerró la fábrica donde trabajaba. Ahora teme no volver a poder trabajar por la artritis y las lesiones en su cadera. /María Cidón Kiernan.

La receta de la explotación

Obtener datos exactos del número de trabajadoras en los cuatro países es todo un reto. Las cifras varían de una institución a otra. Según los registros del Ministerio de Economía de El Salvador, hasta el primer trimestre de 2017 había 103 empresas dedicadas a la maquila de confección y textil en las que trabajaban 70,207 personas. De esa cantidad, el 80 % son mujeres, señala el informe “Mujer y Mercado Laboral 2016” de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa).

Sin embargo, este dato contrasta con los registros del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, que reportaba 59,124 cotizantes en la maquila textil y de confección entre enero y febrero de 2017. Este sector es, además, el que aporta el mayor número de cotizantes de la empresa privada de todo el país, que en los primeros dos meses del año sumó 804,347 en total entre el sector público y privado.

En Guatemala, son “unas 60 mil mujeres, y 60 mil hombres”, dice Rolando Figueroa, encargado del área laboral de la Asociación de la Industria de Vestuarios y Textiles (Vestex). Sin embargo, a finales de 2015 el Ministerio de Economía reportaba 159,036 empleos en maquila. En Atrahdom calculan 56 mil mujeres trabajadoras.

Francisca Alvarado Chij, 47, madre soltera de 2 hijos y abuela de 2 nietos. Muestra una foto sacada en la maquila donde lleva 22 años de trabajar como operaria. /Simone Dalmasso.

Las dinámicas de contratación cambiaron en Guatemala. Hasta hace unos años, el 82% de los trabajadores eran mujeres. Las empresas redujeron a la mitad el número de empleadas. Maritza Velásquez, de Atrahdom, explica que a los empresarios “les compensa más contratar a hombres jóvenes que a mujeres, porque no piden permisos ni se embarazan”. Además, las contrataciones bajaron por la migración a maquilas de países vecinos, donde el costo de la energía es menor.

Según datos del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación de México, hay más de 1,200 empresas globales en el país. Esto se traduce en 2 millones 250 mil trabajadores que representan el 17% del empleo formal registrado en el IMSS.

Para esta investigación se solicitó entrevista al al Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación A.C en México, sin embargo, no se obtuvo respuesta.

Las trabajadoras mexicanas coinciden en que una de las dificultades en la defensa de sus derechos es que desde la modificación de la Ley Federal del Trabajo, las agencias de colocación y las outsourcing proliferaron. Crecieron estas agencias y disminuyeron sus derechos.

La Asociación Hondureña de Maquiladores registró 300 empresas en 2017 y más de 120 mil personas contratadas. Pero en los dos últimos gobiernos se ha fomentado la contratación temporal, evitando el pago de prestaciones sociales por parte de los empresarios y facilitando los despidos, denuncia Codemuh.

“Ha habido un disparo enorme de la maquila sumergida o de la maquila clandestina —cuenta Velásquez, de Atrahdom—. La persona se lleva el material a su casa, pero como las fechas de entrega son muy limitadas, se ve en la necesidad de contratar a más gente. Llegan a tener grupos de hasta 12 trabajadoras en condiciones muy deplorables. El empresario ha buscado la forma de sacar su producción, sus ganancias, y quitarse la carga del pago de salarios y prestaciones”.

Fuera de la cadena de producción formal también están las bordadoras. En El Salvador, las mujeres crean las piezas más delicadas de la producción textil, vestiditos con finas piezas bordadas por las que cobran entre 1.50 y 2.00 USD por unidad. Un trabajo que requiere no menos de 12 horas por pieza. Así, el salario mensual promedio que recibe una bordadora es de 58 USD, según un informe de la organización Mujeres Transformando.

Las manos de las bordadoras apenas descansan, cada vestido implica 12 horas de trabajo por el que se suelen pagar menos de 2 USD. /Salvador Meléndez.

Las bordadoras trabajan desde el hogar, principalmente de la zona rural. La mayoría de manera informal, sin recibir prestaciones sociales ni un salario mínimo. Para terminar los pedidos semanales muchas veces necesitan el apoyo de toda su familia. Sus vestidos suelen venderse fuera del país y son muy valoradas por el trabajo artesanal que implica, pero la trabajadora percibe un porcentaje de ganancia muy bajo, según denuncia Mujeres Transformando: “Si tomamos una prenda con precio de venta de 58 USD, y una trabajadora que gana por pieza 2.30 USD, se concluye que del precio de venta del producto, a la trabajadora que ejecuta el proceso base de producción, sólo le es entregado cerca del 4%. El restante 96% del valor es repartido a lo largo de toda la cadena entre empresas nacionales, marcas y distribuidoras transnacionales”, recoge el informe “Hecho a mano” de la asociación Mujeres Transformando.

Bertha Lidia Viana, de 48 años, lleva ya 21 bordando. Su vista se empaña cuando trabaja, aunque use lentes. También tiene un dolor de espalda casi permanente, pero sigue tomando pedidos a domicilio por necesidad. “Una vez tenía conjuntivitis y yo les dije que no podía trabajar. Pero ellos me dijeron que no les importaba, que lo que querían era que les sacara el pedido. Solo me limpiaba los ojos y seguía trabajando”.

En las oficinas de la Asociación de la Industria de Vestuario y Textiles (Vestex), la organización que aglutina a las maquilas en Guatemala, Rolando Figueroa, encargado del área laboral, asegura que manejan un programa de salud y seguridad ocupacional para capacitar y guiar a empresas hacia el cumplimiento de las leyes. Cuando se le consulta por las discapacidades desarrolladas por las trabajadoras, Figueroa asegura que “ya es muy raro que eso suceda (…). Siempre va a haber inconsistencias, incumplimientos. (Pero) estamos sujetos a muchos controles: auditorías de los clientes, sistemas de control… Nosotros en todo caso, exigimos a las autoridades que hagan cumplir con la ley”.

Al finalizar la entrevista, Figueroa muestra un folleto que la asociación reparte en las maquilas. En la portada hay una ilustración de un hombre (DanHilo) y una mujer (EsTela) con enormes sonrisas blancas. Son personajes que representan a los trabajadores de las maquilas, bajo el título: “Programa de desarrollo laboral para las empresas y trabajadores de la industria exportadora de vestuario y textiles”, resume la portada. Con estas caricaturas, Vestex pretende divulgar los derechos y obligaciones de su código de conducta entre patronos y empleados.

Una imagen del folleto que Vestex entrega a las maquilas en Guatemala, en el cual se expone que la empresa debe proveer a los empleados y empleadas de equipo de protección y debe respetar la prohibición del trabajo forzoso. /Carmen Quintela Babío.

Desde la Cámara de la Industria Textil, Confección y Zonas Francas de El Salvador (Camtex) consideran que las condiciones en las que se produce en la maquila nacional son fiscalizadas de forma intensiva, y que por ello están a la vanguardia en cuanto a seguridad ocupacional, comparado con otros sectores productivos del país.

“La mejor garantía del cumplimiento de las condiciones laborales en El Salvador es la intensa fiscalización que reciben todas las empresas (de maquilas): estatal, interna por parte de la propia empresa y externa por parte de las marcas que a través de sus estándares internacionales exigen”, señala el abogado laboralista de Camtex, Agustín Rodríguez.

El abogado también destaca la importancia de las auditorías que realizan las marcas extranjeras porque son más rigurosas: “Verifican intensamente que no haya trabajo infantil, del goce completo de todas las normativas y exigencias en cuanto a derechos laborales de la mujer, del goce de la libertad de asociación, de las normativas laborales del pago de remuneraciones. En seguridad ocupacional la normativa extranjera es más alta que la nacional”.

Sin embargo, Carmen Urquilla, coordinadora del Programa Derechos Económicos, Laborales y Acceso a la Justicia de de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa), ve muchas deficiencias en estos controles:

“Hacen una auditoría una vez al año, llega una persona y se está ahí un rato, no indagan suficientemente sobre todas las violaciones a los derechos laborales, se enfocan bastante en que se está pagando el salario y horas extras, pero no se verifica salud y seguridad ocupacional”.

Urquilla dice que esta situación ha sido confirmada con operarias de varias zonas francas: “El año pasado (2016) nos dedicamos a preguntarle a mujeres de diferentes maquilas, sobre todo a las de San Marcos, Ilopango y zona de American Park (…) y nos contaban que un día antes les decían lo que tenían que responder, que inclusive el día que llegaba la auditoría ponían papel en los baños, que ese día todo era como muy bonito y que las amenazaban diciéndoles que si alguien decía algo malo, que podían cerrarles la fábrica”.

El precio de reducir costos laborales

Las empresas extranjeras que deciden invertir en la región centroamericana y en México se encuentran con varios incentivos. El primero, un catálogo de exenciones fiscales que resultan muy competitivas para las maquilas. A cambio, los gobiernos pueden decir que han logrado generar nuevos empleos y fomentar el desarrollo de empresarios locales que son subcontratados o abastecen de materia prima a las grandes multinacionales.

 

fuente: https//www.connectas.org/especiales/heridas-por-la-maquila/